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El culto a la juventud en tiempos de hiperconectividad

Con la creciente popularidad de tratamientos estéticos, artículos de la vida diaria, masajes faciales y corporales “antienvejecimiento”, se vuelve más evidente el miedo que le tenemos a envejecer. No es sorpresa, entonces, que una de las poblaciones más discriminadas sea la de los adultos mayores.

Un collage con cuatro fotos: La primera es una mujer adulta utilizando un popote "anti-arrugas", la segunda es una comparación antes y después de usar botox, la tercera es un rostro con un gua-sha y la cuarta es una imagen dividida a la mitad que muestra una mujer de edad avanzada en una mitad y una mujer joven en la segunda mitad.
Tratamientos estéticos y artículos de la vida diaria que se utilizan para frenar el envejecimiento.

Hace 100 años, se definió como “adulto mayor” a las personas que rebasaban los 60 años, ya que, debido a la falta de tecnología médica, alimentaria e higiénica, los adultos de 60 o 65 años tenían una esperanza de vida de unos 5 años más. Hoy en día el 73.5% de las mujeres y el 69.5% de los hombres sobrevivirán hasta esa edad y la esperanza de vida a los 65 años es cercana a los 20 años.


El panorama de la vejez en México es especialmente complicado, ya que el 33% de los adultos de la tercera edad son activos económicamente, debido a la falta de recursos para retirarse. También es importante tener en cuenta que la mayoría de las empresas no contratan adultos mayores debido al “bajo potencial de desarrollarse profesionalmente” o en otras palabras: a que no trabajarán para esa empresa por mucho tiempo. Según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT); conforme transcurre el ciclo vital de las personas, aumenta la posibilidad de caer en el empleo informal.


Sin embargo, esta no es una opción para todos los adultos mayores que no cuentan con los recursos para retirarse, ya que muchos de ellos tienen impedimentos para participar en las actividades económicas debido al deterioro de la salud y la disminución de las capacidades físicas y mentales. Gracias a estas dificultades se alimentan los prejuicios tan dañinos a la percepción de los adultos de la tercera edad. Tal es la idea de que se vuelven una carga social y económica, y como consecuencia se vuelven más vulnerables a la discriminación y el maltrato.


Para nuestra mala suerte, todos tenemos algo que nos delatará en el momento que lleguemos a la edad adulta: la aparición de arrugas, manchas, canas y otros signos de la edad; y, aunque vivamos en la época donde más se promueve el body positivity y el respeto a los procesos naturales del tiempo, parece que cada vez le tenemos más rechazo a parecer de la edad que tenemos.


Las redes sociales han sido un desencadenante de la creciente popularidad de tratamientos estéticos e intervenciones quirúrgicas que promueven el rechazo a la apariencia de la vejez. Cada vez más mujeres (principalmente) se someten a tratamientos cuando aparece su primera línea de expresión y buscan desesperadamente nuevas fórmulas y técnicas para esconder el tiempo que han vivido y la manera que han reaccionado durante su vida. Parece que lo peor que nos puede pasar es que las personas se den cuenta de cuánto hemos sonreído y cuánto nos hemos enojado.


Mujer adulta mayor sonriendo
Escena de Barbie (2023)

Esta reflexión me hace preguntarme: ¿El miedo a envejecer viene de la discriminación hacia los adultos mayores? o ¿La discriminación hacia los adultos mayores viene del miedo a envejecer?


Fuentes:


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