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Trastornos alimenticios: una epidemia silenciosa


Nací en 1998, y creo que aún puedo reclamar mi estatus como 90s kid. Los últimos estragos de la década sobrevivieron hasta inicios del siglo XXI, donde formaron parte de mi crecimiento físico, emocional y psicológico. Música, películas, moda, todo forma parte de mi inconsciente, almacenado en mi mente como parte de la carpeta llamada "Infancia", y es más importante de lo que creí. Así fue que a mediados de los 2000, comencé a desarrollar una relación poco saludable con la comida, que desencadenó en un desorden alimenticio del que aún no logro zafarme, veinte años después.



¿De dónde viene esto? ¿Hay alguien a quien culpar? ¿Quién es responsable por los cientos de miles de mujeres jóvenes, adolescentes y niñas que crecimos contando calorías y subiendo a la báscula a diario? ¿Y qué hay de los hombres que pasan por la misma situación? Hay varias partes involucradas en la contienda, y casi siempre suelen reducirse a la industria de la moda y sus estándares imposibles para la mayoría de las personas. Desde inicios de los años 90, la estética heroin chic favoreció los cuerpos extremadamente delgados, la piel pálida, las ojeras, los huesos protuberantes; las pasarelas vieron a modelos como Kate Moss usando prendas en las tallas más pequeñas que aún lucían grandes en ella, y la sociedad trató de seguirla. En los 80, las cintas de video con rutinas de ejercicio, las dietas y la promoción del deporte en bien de la salud comenzaron a volverse importantes, sobre todo en Estados Unidos, donde la gente llevaba equiparando delgadez con salud desde décadas antes. Así podemos ir al pasado, volver al futuro, y notar cómo la silueta delgada ha sido favorecida como un ideal estético, como el lienzo perfecto para el diseño y la belleza.


¿Qué nos dice esto sobre cómo percibimos nuestros cuerpos y cómo nos perciben aquellos encargados de vestirnos? ¿Qué hacen las casas de moda más importantes para mostrar sus creaciones? Años van y vienen, y los mismos cuerpos surgen en la pasarela: altos, delgados, casi andróginos, y cuando existe un intento de inclusión de tallas, sus modelos apenas y alcanzan una talla grande, con figura de reloj de arena y sin alejarse mucho del estándar favorecido por la industria y, a su vez, por la sociedad.



Los desórdenes alimenticios no son nuevos, pero en tiempos modernos han sido exacerbados por un bombardeo constante de imágenes y videos de modelos con cuerpos que percibimos como perfectos debido a un comportamiento aprendido. Si esos cuerpos son perfectos, ¿qué tan imperfecta soy? Sabiendo esto, ¿qué puedo hacer para ser perfecta? No sólo eso, sino que además se nos premia por perder peso sin importar cómo, y cuando los médicos hacen la conexión entre delgadez = salud, nada te detiene. Y así, seguimos promoviendo y consumiendo productos milagro para perder peso o simplemente lucir una figura más delgada, para disimular, para esconder, con los rostros de las celebridades hablándonos sobre lo maravillosas que son las pastillas, las gotas, las dietas, las fajas, las máquinas de ejercicio, y confundimos el compromiso obsesivo de alguien con disciplina y fuerza de voluntad. Aunque tengamos una imagen estereotípica del desorden alimenticio, la verdad es que todo inicia en algún momento, que suele ser más fácil de identificar en retrospectiva como una señal del inicio del descenso. Pero así le sucede a muchas personas, como a mí, que viajamos en silencio, acompañados por otras personas que no nos miran y a las que no miramos, siendo una estadística sin nombre y sin rostro, lo que permite que la epidemia se expanda más y más, insidiosamente y en silencio.


 
 
 

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